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Jun 10

¿Internet: fuerza unificadora de la humanidad?

Hace 70000 años la humanidad vivió la primera revolución que definiría de forma radical lo que somos actualmente como sociedad: la revolución cognitiva. Esta fue impulsada y definida por el desarrollo del lenguaje, poderosa herramienta que nos permitió a los humanos establecer vínculos sociales complejos, cuyo fin ha sido desde entonces nuestra subsistencia. Posteriormente, hace 12000 años en el Oriente Medio, China y América Central los humanos comenzaron a domesticar plantas y animales. Como consecuencia, el hombre abandona su vida de cazador recolector, y sin percatarse, se domestica a sí mismo iniciando un capítulo en su historia marcado por los placeres e incomodidades de la agricultura.

Por miles de años, estas primeras comunidades de humanos vivieron en grupos separados conformados por pocos individuos. Sin embargo, poco después de la revolución de la agricultura, los humanos crearon ciudades, pueblos e imperios. Desde el comienzo, las relaciones entre estas sociedades siempre fueron complejas y estuvieron definidas por guerras, por el comercio, la inmigración y la imitación de patrones culturales. Estas características persisten en nuestro mundo actual, aunque con un elemento adicional: con el paso del tiempo las conexiones entre las sociedades se han fortalecido a tal punto que hoy en día vivimos en una sociedad heterogénea prácticamente unificada a nivel global.

Al igual que nuestros primeros ancestros, los humanos actuales también estamos biológicamente condicionados y adaptados a vivir en círculos sociales pequeños. Entonces, ¿cómo ha sido la humanidad capaz de unificarse?, ¿cómo pueden millones de extraños ponerse de acuerdo en cuanto a leyes, reglas y valores morales? Así como las fuerzas gravitacionales, electromagnéticas, nuclear fuerte y nuclear débil gobiernan la dinámica del universo físico, el proceso de unificación de la humanidad es guiado por tres fuerzas históricamente inseparables: la economía, el imperialismo y la religión.

Estas tres fuerzas se sustentan sobre la creación de realidades inter-subjetivas; es decir, en órdenes imaginarios creados por los hombres para establecer consensos y de esta forma posibilitar la convivencia. Es de aclarar que algo es subjetivo cuando su existencia depende de la conciencia y creencias particulares de un individuo; de este modo, algo es inter-subjetivo cuando su existencia enlaza la conciencia y creencia de un grupo de varias personas. Como resultado, una realidad “inter-subjetiva” seguramente no cambiará porque un solo individuo deje de creer en ella, pero sí lo hará en caso de que una fracción significativa del grupo cambie su creencia.

La primera fuerza, la economía, basa su existencia en la realidad inter-subjetiva más aceptada universalmente por la humanidad: el dinero. Este es el mecanismo de confianza mutua que rompe todo tipo de barrera religiosa, política y cultural; todos aceptamos su existencia (subjetiva), pues es una herramienta útil para facilitar el comercio, el intercambio. La economía ha unificado la humanidad porque a partir de la revolución de la agricultura, ha permitido el intercambio de bienes y servicios entre los pueblos, ha propiciado la especialización y división del trabajo. Desde la invención del dinero por los sumerios en el año 3000 AC hasta nuestros días, la humanidad se ha desarrollado y unificado en torno a este orden imaginario.

La segunda fuerza, el imperialismo, ha sido la forma de gobierno más estable documentada por la historia de la humanidad en los últimos 2500 años. Aunque tradicionalmente los imperios son vistos como sinónimo de dominación, violencia y opresión, también es cierto que esta forma de gobierno ha jugado un papel determinante en las fusiones culturales, religiosas, étnicas, etc., de los pueblos. Un imperio tiene dos características relevantes: por un lado gobierna grupos heterogéneos de personas que poseen diversas identidades culturales y que viven en diferentes territorios; por otra parte, sus fronteras son flexibles, cambian con el tiempo. Son precisamente estas características las que han dado a los imperios un papel protagónico en la unificación de la humanidad; todas las sociedades actuales vienen de los imperios. Sin ir tan lejos, el idioma en el que escribo este artículo viene del imperio español.  La religión y las leyes de la sociedad en la que vivo vienen del imperio Romano, la segunda lengua que no solo yo, sino la mayoría hemos tenido que aprender viene del imperio Británico, la silla en la que estoy sentado redactando estas líneas viene del antiguo imperio Egipcio, y yo mismo, como ser humano, no puedo definirme ni como Muisca, ni Español, simplemente soy el resultado de un proceso de unificación y transformación cultural que ha tomado años y que aún continua sin parar.

La tercera fuerza, la religión, es el sistema de valores y leyes humanas que basa su existencia en la creencia en un orden supraterrenal. Para algunas personas la religión es fuente principal de felicidad, paz y progreso; mientras que para otras es el origen de todos los males. Independientemente de estos puntos de vista, es innegable que las religiones, sean estas teístas, deístas, politeístas o monoteístas, son, han sido y serán esenciales en el proceso de unificación de los pueblos.

Estas tres fuerzas han sido el motor de nuestros cambios. Hace 500 años dieron paso a la revolución científica con el hallazgo más grande hecho por la humanidad: la ignorancia. El descubrimiento de que el conocimiento es poder, llevó a los imperios europeos y a la ciencia a crear una alianza poderosa que inició con el descubrimiento de América, pasando luego por Copérnico, Kepler y Newton hasta el siglo de la ilustración, dando paso posteriormente a la revolución industrial ocurrida hace tan solo 200 años. Los avances científicos y tecnológicos que actualmente poseemos son resultado de este largo proceso de unificación; tecnologías como la Internet aparecen entonces como herramienta para facilitar la creación, almacenamiento, transmisión, modificación y recepción de la información. Esto es tan solo una consecuencia directa del viaje hacia una sociedad globalmente unificada. Adicional a la acción de las tres fuerzas unificadoras, la Internet es también efecto del liberalismo humanista del siglo XX, el cual proclama igualdad, libertad de expresión y acceso al conocimiento sin discriminación. Desde este punto de vista, la Internet puede ayudar a fortalecer el proceso de unificación global de la humanidad al comunicar a los pueblos, pero no puede ser considerada fuerza unificadora. Al contrario, ésta es manifestación de la interacción economía, imperialismo y religión, la cual se sustenta en la ya mencionada creación de realidades “inter-subjetivas” necesarias para vivir y desarrollarnos como sociedad.

 

Ronald Romero Reyes
ICT Researcher
Technische Universität Chemnitz, Germany
Chair for Communication Networks

 

*Bloguero Invitado de Colombia Digital 

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