BLACK MIRROR, pegados al espejo negro

Si para muchas personas la tecnología es como una droga ¿Cuáles podrían ser los efectos secundarios? Si se consume en dosis controladas sería útil y hasta placentera la experiencia, pero si se cruzan ciertos límites las consecuencias podrían ser fatales. Esta es una de las premisas de Black Mirror (Espejo negro) la serie inglesa de suspenso que prácticamente me tiene pegado al televisor.

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Serie de Ciencia ficción para TV ahora en Netflix

Es un tanto paradójico que les diga que estoy «pegado» a la pantalla del televisor viéndola de corrido, porque esta serie en parte busca hacernos pensar sobre un futuro cercano donde la tecnología está potenciada a niveles que nos podrían trastornar, pero es tan… extrema y a la vez intrigante que no me fui a dormir hasta terminar las dos temporadas que ya se encuentran en internet.

No son temporadas largas de veintitantos capítulos como se solía hacer en Estados Unidos o de 10 como Game of thrones o 13 como House of cards, son de 3 capítulos de 55 minutos cada uno, al mejor estilo de las interesantes producciones británicas de los últimos tiempos, como Sherlock de la BBC.

Al comienzo no asociaba el título, Black Mirror, con el contenido hasta darme cuenta de un elemento común a estas historias unitarias o independientes: las pantallas negras y la confusión que se presenta cuando la humanidad entera vive en función de esos espejos oscuros regados en nuestra cotidianidad:  las del computador, el televisor, los celulares y en el sentido en que nos presenta la serie, implantes tecnológicos unidos al cerebro para grabar cada momento de la vida, software de reconstrucción «total» de seres queridos muertos, personajes animados por computador que pueden llegar a ser elegidos por voto popular y aplicaciones para extraernos la conciencia, entre otros.

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Black Mirror emitida originalmente por Channel 4 de Reino Unido

La serie muestra un tejido social basado en realidades virtuales que nos dan la sensación de estar conectados con todo el mundo, de ser deseados, aunque al rededor prime el individualismo y la indiferencia. Por eso cualquier muestra de afecto de una máquina puede llevar a casos de adicción, por ejemplo al internet, al Facebook, a la pornografía o a los smartphones.

Recientemente tenemos dos referencias cinematográficas similares: Her (2013) ganadora del Oscar como mejor guión original, en la que un escritor solitario se enamora de un  Sistema Operativo de su celular (Parecido a Siri) claro está que ayudado por la voz de Scarlett Johanson  y Ex Machina (2015) también ganadora del Oscar a mejores efectos especiales, en la que una androide es puesta a prueba para ver si se puede hacer pasar por humana mientras su examinador queda atrapado en su encanto.

Black Mirror sorprende porque es una serie de ciencia ficción que no ocurre mil años adelante sino que podría suceder en menos de una década si tenemos en cuenta la velocidad con la que avanza la tecnología, en donde las reacciones en redes sociales podrían desestabilizar gobiernos, los realities llegar a extremos insospechados, la inteligencia artificial en aparatos o androides despistar nuestros sentimientos o en el que el voyerismo con nuestras cámaras fotográficas en los celulares podría ser mayor a la solidaridad ante una situación de riesgo.

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Primera temporada es del 2011, la segunda del 2014, ya se anunció la tercera

El avance en las tecnologías de la información y la comunicación están degenerando en una hiper exposición de lo íntimo, en una sociedad donde todo se hace público, donde el espectáculo se tomó cada aspecto de la sociedad y al parecer tiende a ser cada vez más invasivo.

Ya Ray Bradbury lo había escrito como ciencia ficción en los años 50 del siglo XX planteando lo que estamos viviendo en la actualidad: una sociedad rota emocionalmente, superficial y egoísta, regida por lo audiovisual a través de pantallas, donde los bomberos quemaban libros y la máxima aspiración es aparecer en un reality: Farenheith 451.

Al momento que escribo esto me doy cuenta que «Espejo Negro» no es futurista, es muy actual, sólo que no somos conscientes que nuestra forma de relacionarnos con las demás personas cambió por los aparatos. No hay que ir muy lejos, es complicado entablar conversaciones sin que la mirada se nos desvíe para ver si  llegó alguna notificación al celular o que los niños acepten de buena manera pasar a almorzar si para ello tienen que apagar su video juego, ya no se lee en papel sino en las tablets y lo audiovisual absorbe nuestro tiempo.

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Black Mirror, creada por Charlie Brooker

Pienso que la tecnología nos facilita la vida, nos permite enfrentar nuevos desafíos y estar constantemente informados, pero debe contar con unas normas éticas que la rijan; no que limiten la creatividad, la innovación o la experimentación, sino que nos permitan avanzar sin sentir que amenazan nuestra esencia comunicativa como seres humanos, o exijan ventilar nuestra preciada intimidad, sin que nos confundamos entre el valor de una máquina y el de un humano, sin que nos desvivamos por ver y no por hacer.

Después de finalizar este post apago el portátil y me quedo viendo mi imagen en la pantalla negra, como si se tratara de un espejo por el que paso constantemente y sin el cual se me dificultaría enormemente mi trabajo, reviso el último whatsapp en el celular y lo pongo a cargar, prendo la tele y doy una ronda sin detenerme en alguno de los 300 canales por los que paso, apago y ahí si me voy a dormir.

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