{"id":136,"date":"2012-07-09T10:08:02","date_gmt":"2012-07-09T15:08:02","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.vanguardia.com\/otro-aburrido-club-de-lectura\/?p=136"},"modified":"2012-07-09T10:08:09","modified_gmt":"2012-07-09T15:08:09","slug":"una-novela-de-amor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.vanguardia.com\/otro-aburrido-club-de-lectura\/colombia\/136-una-novela-de-amor","title":{"rendered":"Una novela de amor"},"content":{"rendered":"<p>Sab\u00eda hacia donde me llevaba Santiago Gamboa: hacia el precipicio, y no hice nada por evitarlo.<\/p>\n<p>Iba directo a ese agujero del que nunca se sale, pero aun as\u00ed, segu\u00ed. Ya lo advert\u00eda Manuelito \u2018hospedado\u2019 en una celda en Bangkwang (a siete millas al norte de Bangkok) \u00abno he le\u00eddo sus libros, pero le voy a decir algo, esta no va a ser una novela negra, esta va a ser una novela de amor\u201d.<\/p>\n<p>No hay que confundir a Manuel con un lector como yo, como usted\u2026, nada de eso. \u00c9l es uno de esos encantadores personajes que Gamboa nos presenta en sus creaciones literarias. De esos que aman y le ponen el mo\u00f1o a la tragedia, que nos hacen decir en medio de la rabia y la alegr\u00eda: \u201cporque no hab\u00eda le\u00eddo este maldito libro antes\u201d.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/blogs.vanguardia.com\/otro-aburrido-club-de-lectura\/files\/2012\/07\/plegarias_2.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-139\" title=\"plegarias_2\" src=\"http:\/\/blogs.vanguardia.com\/otro-aburrido-club-de-lectura\/files\/2012\/07\/plegarias_2-258x300.jpg\" alt=\"\" width=\"258\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/blogs.vanguardia.com\/otro-aburrido-club-de-lectura\/files\/2012\/07\/plegarias_2-258x300.jpg 258w, https:\/\/blogs.vanguardia.com\/otro-aburrido-club-de-lectura\/files\/2012\/07\/plegarias_2.jpg 343w\" sizes=\"auto, (max-width: 258px) 100vw, 258px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Desde luego que el amor de Gamboa o al menos el que refleja en sus libros es un amor con las tripas en la mano, a la colombiana, un acto de fe descarado, sincero, con hambre y los bolsillos pelados, ese es el amor verdadero.<\/p>\n<p>Y fue eso lo que vivieron los personajes de esta historia, una relaci\u00f3n de amor amparada en la fe de salir del mierdero colombiano, que guarda la esperanza de que todo va a ser mejor all\u00e1 afuera, as\u00ed sea muertos del hambre.<\/p>\n<p>Leer \u2018Plegarias nocturnas\u2019 (Mondaori, 2012) es encontrar a Gamboa en plenitud. Padecer y re\u00edr con el sufrimiento de los otros (Manuel y Juana), que reflejan a diez mil, veinte mil, un mill\u00f3n de zombis criollos que vemos por televisi\u00f3n, o mejor, a sus tragedias las vemos en los &#8216;realitis&#8217; del mediod\u00eda.<\/p>\n<p>Este nuevo libro es el m\u00e1s reciente homenaje que el escritor de Necr\u00f3polis y El s\u00edndrome de Ulises hace al amor en tiempos de guerra. Un historia apasionante de una pareja de hermanos que se tienen el uno al otro, a nadie m\u00e1s, pero que el destino cruel repugnante y mezquino decide dividir.<\/p>\n<p>Ella, Juana, a\u00fan estudiante de Sociolog\u00eda, viaja a Tokio huyendo de la mafia de cuello blanco para caer en manos de una mafia de prostituci\u00f3n nipona; y \u00e9l, a\u00fan adolecente, aspira a desarrollar su vena artista en ebullici\u00f3n; todo esto en medio de una Colombia mal trecha, herida a punta de motosierra y plomo, gobernada por un presidente de apellido Uribe.<\/p>\n<p>Dos mundos paralelos, una sola V\u00eda L\u00e1ctea.<\/p>\n<p>Sab\u00eda que iba hacia el precipicio y doy agracias por haber llegado all\u00ed mal herido, torpemente remendado y confundido\u2026 casi de bruces. Me confund\u00ed con la muerte, quiz\u00e1 rod\u00f3 una l\u00e1grima, pero era justo y necesario, esta era una novela de amor, no una novela negra.<\/p>\n<blockquote><p>\u201cEres un artista, dijo emocionada. Me dio un abrazo, se agarr\u00f3 a m\u00ed con todo su cuerpo y la sent\u00ed temblar. Luego me mir\u00f3 a los ojos y dijo: de ahora en adelante voy a trabajar para que tengas lo que necesites\u201d.<\/p>\n<p><strong>P\u00e1g.63<\/strong><\/p><\/blockquote>\n<div id=\"attachment_140\" style=\"width: 300px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"http:\/\/blogs.vanguardia.com\/otro-aburrido-club-de-lectura\/files\/2012\/07\/santiagoDSC_2046.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-140\" class=\"size-medium wp-image-140\" title=\"santiagoDSC_2046\" src=\"http:\/\/blogs.vanguardia.com\/otro-aburrido-club-de-lectura\/files\/2012\/07\/santiagoDSC_2046-300x167.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"167\" srcset=\"https:\/\/blogs.vanguardia.com\/otro-aburrido-club-de-lectura\/files\/2012\/07\/santiagoDSC_2046-300x167.jpg 300w, https:\/\/blogs.vanguardia.com\/otro-aburrido-club-de-lectura\/files\/2012\/07\/santiagoDSC_2046.jpg 640w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-140\" class=\"wp-caption-text\">Santiago Gamboa, escritor colombiano.<\/p><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sab\u00eda hacia donde me llevaba Santiago Gamboa: hacia el precipicio, y no hice nada por evitarlo. 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