{"id":271,"date":"2020-12-28T22:49:52","date_gmt":"2020-12-28T21:49:52","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.vanguardia.com\/laberinto-urbano\/?p=271"},"modified":"2020-12-28T22:49:55","modified_gmt":"2020-12-28T21:49:55","slug":"de-vivienda-digna-a-ciudades-incluyentes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.vanguardia.com\/laberinto-urbano\/2020\/12\/28\/de-vivienda-digna-a-ciudades-incluyentes\/","title":{"rendered":"De vivienda \u201cdigna\u201d a ciudades incluyentes"},"content":{"rendered":"\n<p><strong><em>\u201cEs necesario dejar de pensar en peque\u00f1a escala para verdaderamente generar entornos de oportunidades y vincular a las comunidades al funcionamiento de las urbes, de no ser as\u00ed, se est\u00e1 creando un fen\u00f3meno segregador en el que la inseguridad y la propia ley se adue\u00f1ar\u00e1n de esos enclaves a futuro\u201d<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/blogs.vanguardia.com\/laberinto-urbano\/files\/2020\/12\/1-1.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-272\" width=\"690\" height=\"395\" srcset=\"https:\/\/blogs.vanguardia.com\/laberinto-urbano\/files\/2020\/12\/1-1.jpg 950w, https:\/\/blogs.vanguardia.com\/laberinto-urbano\/files\/2020\/12\/1-1-300x172.jpg 300w, https:\/\/blogs.vanguardia.com\/laberinto-urbano\/files\/2020\/12\/1-1-768x441.jpg 768w, https:\/\/blogs.vanguardia.com\/laberinto-urbano\/files\/2020\/12\/1-1-750x430.jpg 750w\" sizes=\"auto, (max-width: 690px) 100vw, 690px\" \/><figcaption>Tomada de: https:\/\/camacolvalle.org.co\/programa200milsubsidios\/ (2020)<\/figcaption><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>En Colombia el d\u00e9ficit de vivienda se sit\u00faa en un 36.6% seg\u00fan el \u00faltimo censo realizado por el DANE en 2018. A partir de estas cifras y an\u00e1lisis las entidades gubernamentales han desarrollado pol\u00edticas p\u00fablicas que se centran en la construcci\u00f3n de proyectos de vivienda de inter\u00e9s social, o vivienda digna, como se estipula en la Constituci\u00f3n Pol\u00edtica de Colombia, y que la establecen como un derecho. Es precisamente este concepto de dignidad habitacional que se maneja a nivel p\u00fablico el que vale la pena cuestionar y que, revisado desde un punto de vista menos espec\u00edfico y m\u00e1s urbano, replantear\u00eda completamente el concepto de habitar un lugar.<\/p>\n\n\n\n<p>El com\u00fan denominador en los proyectos de vivienda de inter\u00e9s social en Colombia es la construcci\u00f3n urbanizaciones a las afueras de las ciudades en donde se replican tipolog\u00edas de vivienda en cantidad. Esto en un primer momento parece un gran progreso pues busca el mejoramiento de la calidad de vida de las poblaciones vulnerables que no cuentan con un techo y que son quienes normalmente tienen acceso a estos proyectos de vivienda social. As\u00ed, las condiciones espaciales, materiales y de infraestructura de estas construcciones, son el eje de desarrollo de estas pol\u00edticas p\u00fablicas.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta interpretaci\u00f3n de la habitabilidad es bastante limitada. En un primer aspecto no se tienen en cuenta los estilos de vida de las personas que van a residir en estas nuevas viviendas. La poblaci\u00f3n desplazada que llega del campo no vive igual que aquellos que han permanecido en la ciudad por largos a\u00f1os, por poner un ejemplo. Es por esto que factores culturales, sociales y econ\u00f3micos son pasados por alto cuando se plantean proyectos de este tipo.<\/p>\n\n\n\n<p>En un segundo aspecto no se puede pretender reducir la habitabilidad a lo que sucede en las cuatro paredes que conforman la vivienda. Si bien es importante contar con unas condiciones f\u00edsicas \u00f3ptimas para la seguridad de los nuevos habitantes, el v\u00ednculo con la ciudad y las oportunidades que en ella se buscan debe ser un factor decisivo. La accesibilidad a servicios, equipamientos p\u00fablicos y al transporte urbano es primordial para estas comunidades. La facilidad de poder llegar a sus lugares de trabajo de forma r\u00e1pida y c\u00f3moda debe tenerse en cuenta, as\u00ed como la creaci\u00f3n de espacios de ocio y esparcimiento que son tambi\u00e9n parte de la calidad de vida que se les debe brindar; habitar es m\u00e1s que cocinar y dormir.<\/p>\n\n\n\n<p>Por estas razones es que vale la pena cuestionar los proyectos en masa realizados en las afueras de las ciudades. \u00bfEst\u00e1n realmente mejorando la calidad de vida de quienes van a habitar estos lugares o m\u00e1s bien los est\u00e1n aislando? \u00bfCuentan con colegios, hospitales, bibliotecas, acceso al transporte y espacios de esparcimiento para un beneficio real? Estas preguntas necesarias son la piedra angular para replantear el concepto de habitar dignamente. Es necesario dejar de pensar en peque\u00f1a escala para verdaderamente generar entornos de oportunidades y vincular a estas comunidades al funcionamiento de las urbes, de no ser as\u00ed se est\u00e1 creando un fen\u00f3meno segregador en el que la inseguridad y la propia ley se adue\u00f1ar\u00e1n de esos enclaves a futuro.<\/p>\n\n\n\n<p>Propender por ciudades inclusivas en donde todos tengamos acceso a ellas deber\u00eda ser el fin, de lo contrario no solo no se estar\u00eda solucionando la situaci\u00f3n de habitabilidad, sino que se estar\u00eda agregando otro conflicto urbano m\u00e1s a la lista ya existente.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cEs necesario dejar de pensar en peque\u00f1a escala para verdaderamente generar entornos de oportunidades y vincular a las comunidades al funcionamiento de las urbes, de no ser as\u00ed se est\u00e1 creando un fen\u00f3meno segregador en el que la inseguridad y la propia ley se adue\u00f1ar\u00e1n de esos enclaves a futuro\u201d<\/p><p><a class=\"more-link btn\" href=\"https:\/\/blogs.vanguardia.com\/laberinto-urbano\/2020\/12\/28\/de-vivienda-digna-a-ciudades-incluyentes\/\">Seguir leyendo<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":36,"featured_media":272,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"ngg_post_thumbnail":0,"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-271","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-sin-categoria","item-wrap"],"aioseo_notices":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/blogs.vanguardia.com\/laberinto-urbano\/files\/2020\/12\/1-1.jpg","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.vanguardia.com\/laberinto-urbano\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/271","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.vanguardia.com\/laberinto-urbano\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.vanguardia.com\/laberinto-urbano\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.vanguardia.com\/laberinto-urbano\/wp-json\/wp\/v2\/users\/36"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.vanguardia.com\/laberinto-urbano\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=271"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/blogs.vanguardia.com\/laberinto-urbano\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/271\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":274,"href":"https:\/\/blogs.vanguardia.com\/laberinto-urbano\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/271\/revisions\/274"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.vanguardia.com\/laberinto-urbano\/wp-json\/wp\/v2\/media\/272"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.vanguardia.com\/laberinto-urbano\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=271"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.vanguardia.com\/laberinto-urbano\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=271"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.vanguardia.com\/laberinto-urbano\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=271"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}