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Jul 02

Capítulo 5: Mi mamá me ama, mi mamá me mima

Me levanté enojada, enroscada, puta que llaman. Es que no hay derecho a que a uno  en su cumpleaños lo dejen trabajando como siempre y no le den ni una palmadita reconfortante en la espalda. Estaba tan agria que lo primero que hice hoy fue poner la tripleta de carrileras del viejo, sacar la media de guarito que tenía guardada debajo del colchón y empezar a beber. Antes del medio día, ya estaba montada en el comedor, a teta voleada bailando el carrapicho.
Mi mamá tuvo un paro respiratorio después del almuerzo, pero como ni el cáncer de pulmón la hizo dejar el tabaco, se mantiene ilusionándonos con que estira la pata. ¡Y no es que yo no la quiera! Es que llevamos muchos años cotizándole en la funeraria y para cuando se muera ya habremos pagado su peso en oro tres veces. Entonces me tocó salir con ella para urgencias porque la InSeguridad Social no tenía ambulancias disponibles. Yo iba tan borracha que entré a urgencias gritando: «auxilio, auxilio», pero había olvidado a mi mamá en el taxi. Cuando salieron los enfermeros con la camilla, ella estaba sentada ahí en la cera, solita, y le habían echado dos monedas de doscientos pesos en el carrete de lana. Yo la miré con desconsuelo y me desmayé. Cuando volví en sí, mi mamá estaba acostada en la cama contigua a la mía, tenía los ojos cerrados y yo me pregunté: « ¿Será que ahora sí ». Al lado de mi almohada había una bolsita con un estampado de flores. Yo la abrí ilusionada y era una bufanda de lana rojiza que mi mamá debió tejer sin que yo la viera. Tenía una nota que decía: «No pienses que no me acordé de tu cumpleaños, pero es que ayer no había terminado el tejido y se me fue la voz desde la semana pasada. Con cariño, mamá. PD: Te dije que no te casaras con ese guaricho».

Comentarios

1 comentario

  1. ignacio
    Verdadera sorpresa, digo mejor, muy agradable sorpresa encontrarme con tu genialidad. Tienes el estilo de Maupassant. Gracias por ofrecernos otra manera de leer yentender el día a día.

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