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Ene 28

¿Qué espero del cine?

Cuando comencé a ir a cine lo hice de la mano de mi padre. Era el año 1977 y no era común que las películas de ciencia ficción despertaran tanta emoción entre los espectadores de todo el mundo, pero se trataba de la ´premier´ de La Guerra de las Galaxias, una aventura futurista que se vivía “en un lugar muy lejano”  donde se mezclaban arquetipos de heroísmo medieval con naves que volaban a la velocidad de la luz.

 

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Antes de ir a ver el primer éxito de George Lucas, mi padre me contó que en los años 50 habían presentado en un teatro de nuestra ciudad y en tercera dimensión, Flash Gordon, un ícono de los héroes espaciales. No lo podía creer, pero su relato fue tan convincente que me motivó a preguntarle más sobre la historia del cine y un poco sobre cómo podían darle vida a esos personajes.

Pero la idea no es hablar de estas películas sino de lo que espero del cine.

Siempre fue algo especial para mí, incluso en los años 80 después de que llegaron las videocaseteras a la casa, que aunque me facilitaron el descubrimiento de películas clásicas o de países que jamás estarían en una cartelera comercial de Bucaramanga, no tenía el encanto de encerrarse en un gran recinto para que me contaran una historia fuera de lo común, sin mayor distracción que la que puedan ofrecer los acompañantes.

Más adelante, en la universidad me interesó más el impacto social del cine que otros aspectos de realización. Artículos como los del ex profesor de Comunicación Social en la UNAB, Campo Elías Narvaez, a comienzos de los noventa, me marcaron un norte a seguir. En uno de ellos, hablaba de ese momento a finales del siglo XIX en el cuál se dieron tres nuevos aportes científicos que ayudan a encontrar los enredos ocultos del hombre.

Uno de ellos fue la creación de los Rayos X. Por primera vez se podía ver al interior de un cuerpo humano vivo y con ello entender mejor su funcionamiento, otro fue el Psicoanálisis de Freud, cuya base conceptual consistía en entrar a la mente de los pacientes para descubrir a través de sus recuerdos y experiencias las causas de sus comportamientos y así tratarlos de una forma diferente a lo supersticioso.

 

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Homero Simpson, Rayos X

 

Y un tercer impacto, recordaba Campo Elías, fue la primera proyección cinematográfica, un 28 de diciembre de 1895 en París, donde además de crearse una nueva forma de entretenimiento se estaba abriendo una ventana para mirar la sociedad o, mejor aún, un espejo para revisarnos como individuos.

Desde ese momento dejé de ir a cine solo por ‘desparche’ o como plan con la pareja o como lo hacía de niño para sorprenderme con los efectos especiales. Empecé a leer sobre películas ganadoras de festivales, a conseguir las que registraban los libros de cine como trascendentales así como las colombianas de cualquier época. Quería entender la esencia de ese arte, pero lo hacía desde afuera.

Estudié el libro, Cómo se comenta un  texto fílmico, de Ramón Carmona 1993, donde se diferencia entre Opinión, Comentario y Crítica. Entendí que ´opinamos´ cuando hablamos de nuestra sensación ante la película, ej, que peli aburrida. Comprendí que hacemos ´comentarios´ cuando incorporamos apreciaciones sobre el lenguaje audiovisual, como, los planos, el guión, los colores o la música, pero además si le damos sentido a lo narrado, es decir, cuando hacemos interpretaciones sociales o personales desde nuestra perspectiva.

Y finalmente, aprendí que se hace crítica cuando se juzga a la película basado en profundos conocimientos, técnicos, históricos, sociales y de lenguaje cinematográfico, actividad reservada para maestros de gran reconocimiento.

Intenté ser crítico pero no me gustó la actitud de creer que sin la suficiente experiencia y sabiduría podía juzgar algo o a alguien.

Después de varios años entré en una etapa de mi vida en donde todo me parecía sin importancia. Mi trabajo, mis relaciones, mis opiniones, la de los demás y lo más grave, el cine me parecía que ya no me decía nada. Pero el problema no eran las películas sino yo como espectador, pues estaba replanteando mis intereses, prioridades y así mismo redefiniendo lo que sentía por ese arte que me sorprendió de niño.

 

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Escena de La invención de Hugo, Scorsese

 

Preferí, desde entonces, hacer comentarios sobre cine en su contexto, no solo sobre películas, valorando lo que encierra la cinematografía para la sociedad, como lo hacía Campo Elías. Hablo de lo que me llega a la razón y a la sensación, de lo que me cuestiono en la vida, de mi entorno, de los temas que me interesan, no necesariamente de las películas ganadoras del Oscar, Cannes, Berlín o del Festival de Cine de Cartagena solo por snobismo.

Me acerco a lo cinematográfico, como lo hacían los antiguos griegos con sus Oráculos, para ver que me pueden decir, y si lo hacen de una manera creativa y divertida, mejor.

Por eso las películas que aparecen en El Colombian Dream no las escojo por ser “buenas o malas” como dirían, de manera pedante, en otro blog, están porque  tienen algo que me llama la atención en su discurso o en su lenguaje audiovisual, que me permiten interpretar la realidad a partir de la ficción, no importa si es una escena, un detalle en el guión o un cameo fugaz, yo las veo como una parte perdida de la ventana desde donde observo la sociedad, o mejor aun, como si fueran un pequeño vidrio de ese espejo donde me puedo mirar.

 

 

Próximo artículo Operación E:  ¿La historia de Emmanuel o la censura?

 

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