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Sep 15

Un Golpe de Estadio para la negociación

Para algunos, Golpe de Estadio de Sergio Cabrera 1998, es una película más dentro de la filmografía del director colombiano, recordado especialmente por La Estrategia del Caracol 1993. Para mi, es una pertinente caricatura de lo que podría llegar a ser un proceso de negociación con la guerrilla.

 

 

El grupo de guionistas de la película, entre los que se encuentran el periodista Ramón Jimeno, el actor Humberto Dorado, el francés Claude Pimont y el mismo Cabrera, entre otros, imaginó un lugar en los Llanos colombianos llamado Nuevo Texas donde una compañía estadounidense instala una torre para extraer petróleo y de inmediato se convierte en objetivo de una cuadrilla guerrillera.

El año en el cual se desarrolla la historia es 1993 y el contexto está delimitado por la euforia que genera la inolvidable selección Colombia encabezada por el Pibe´´  Valderrama en las eliminatorias al mundial de fútbol en los Estados Unidos, emoción que afecta y distrae tanto a policías como a insurgentes quienes no dejan de estar pendientes de los partidos así estén combatiendo.

 

 

Tanto el jefe de policía como el líder guerrillero reprimen a los miembros de sus grupos, quienes buscan por diferentes medios, gozarse los partidos, compartir un momento de gloria y soñar con un triunfo del país;  Sin embargo, las continuas victorias de la ´tricolor´ante Paraguay y Perú hacen que los integrantes de ambos grupos presionen a sus comandantes para que los djen ver el último partido de la eliminatoria. Los jefes ceden,  pero hay un problema: las antenas de televisión fueron destruidas en los ataques a la petrolera y en el contraataque de la policía.

Los actuales acercamientos, en este septiembre de 2012, entre las FARC y el Gobierno colombiano curiosamente se dan en medio de una esperanzadora resurrección de la selección Colombia, animada en la cancha por los goles del “Tigre” Falcao García y en el banco por la dirección técnica del argentino Nestor Pekerman.

 

Los triunfos frente a la invicta selección Uruguaya 4 a 0 y a la fuerte Chile 1 – 3 de visitante revivieron la esperanza de clasificar al mundial de Brasil 2014.

 

En Golpe de Estadio, Argentina va a ser el factor que permitirá el desarme entre ambas fuerzas. En realidad es el deseo por ver el partido decisivo de esa eliminatoria entre Colombia y Argentina en el estadio Monumental de River, lo que llevará a estos grupos armados a concertar una tregua, pero además de eso a colaborar mutuamente para arreglar una antena y un televisor donde ver la transmisión.

Es decir, hubo un factor simbólico que estaba por encima de las diferencias políticas con la suficiente fuerza para unirlos como colombianos, en un objetivo común.

No creo que el fútbol estuviera en la agenda del Presidente Juan Manuel Santos, para pactar un diálogo en Cuba y Noruega con los insurgentes, pero estoy casi seguro que tanto guerrilleros como el resto de colombianos gritamos y nos emocionamos con los triunfos ante Uruguay y Chile.

El 5 de septiembre de 1993 los Valderrama, Asprilla, Rincón, Valencia, Higuita, Córdoba con el director técnico Francisco Maturana vencieron 0 -5 a la selección Argentina de, Batitusta, Simeone, Ruggeri y Goycochea, dirigidos por Alfo Basile, clasificando de una manera sorprendente al mundial, y de paso enredándole a Maradona el concepto de que la historia no debe cambiar, expresado horas antes por televisión.

 

 

Escena Golpe de Estadio, Maradona explicando que Argentina debe seguir arriba y Colombia abajo

 

Ese histórico triunfo lo incorporó Sergio Cabrera como una escena de unión y esperanza para toda Colombia, no solo en lo deportivo sino también en lo social llevando a unirse en abrazos y bailes a quienes hasta hace poco solo pensaban en guerra.

 

 

Infortunadamente, en la ficción y en la vida real ese logro no pasó de ser un momento de ilusión.

Hay otros personajes en la cinta que tienen que ver con la guerra y la paz, como el ambicioso vendedor de armas, la despistada periodista extranjera, el cura radical pero útil en la conciliación, el desplazado que pudo hacer unos pesitos vendiendo empanadas mientras veían la monumental goleada, el proxeneta y sus chicas que sirvieron de porristas, los campesinos que siempre están en la mitad del conflicto, los niños que no pueden jugar  y el enamoramiento a lo Romeo y Julieta entre un policía infiltrado y una comandante guerrillera.

Confío en que el desesperanzador final de Golpe de Estadio no se parezca al del proceso de negociación iniciado entre el Gobierno de Colombia y las FARC,  el cual depende en buena medida en que los negociadores busquen y encuentren esos elementos simbólicos que los emocione y una en torno el ser colombiano, independiente de las ideologías, así sea para ver los partidos de la nueva selección de fútbol, con amigos y en paz.

 

 

 

 

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